Nadie caminará
por la vereda de este río seco,
donde el recuerdo del agua
no podrá devolver
la primavera al cielo,
ni las frondosas sombras
a los árboles
que tanto amaron al viento.
Todo lo que vi nacer
junto al tiempo conquistado,
escapará de la noche anunciada
que oculta tras su manto
la tierra yerma.
Y el cuerpo añorará
renegando de su ocaso,
la suave corriente de un pasado
que meció los días
de un breve estío.
Ahora la tierra quebrada
le pertenece al olvido,
y sólo ofrece el descanso
del que sabe, que
todo tiempo está de más.
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