Uno puede asumir que la vida carece de un sentido práctico, entregarse a la vorágine de las emociones, la única arma que nos ha dejado la evolución para luchar contra el tedio.
***
Ese rayo de realidad que me atraviesa irremediablemente y alumbra con el relámpago, por un instante, la mediocridad que me habita. Ver como se ríe de esa pose quebrada por una naturaleza que siempre acaba por reclamarme.
***
Al final, sólo podemos agarrarnos a nuestro propio escepticismo, apagar la luz definitivamente y dejar que toda sombra se diluya. Fuera de lo relativo, todo pierde su sentido. Es lo que se llama, matar una mosca a cañonazos.
***
Hasta el sentimiento más mezquino, nos ofrece el suficiente entretenimiento para pasar el tiempo en el que la inteligencia nos hubiera matado de una manera más que razonable.
***
Aquí me desvisto de toda pretensión, primero porque la pretensión lleva en sí misma el germen del fracaso, y segundo, porque me avergüenza terriblemente la idea de esperar algo de un yo tan absurdo.
***
Hacer de mi miseria una compañía aceptable, acostarme cada noche con mi mediocridad intacta después de batallar con una evidencia que oculto tras las rejas de un propósito más aceptable. Pero despertar por el dolor de esa mínima derrota, siempre acaba por recordarme cuánto odio mi propia compañía.
***
Toda idea que pueda ser expresada con palabras, ya está dicha. A partir de ahí, uno puede darle la vuelta al universo como un calcetín siempre que prescinda del lenguaje.
***
La felicidad va contra natura, por eso su búsqueda nos lleva irremediablemente a la continua desesperación. Nacemos para sobrevivir, y cuando la supervivencia está asegurada, se abre ante nuestros pies el abismo del sinsentido. El hombre fue diseñado animal, y como tal, necesita cazar o ser cazado.
***
Una persona humilde es aquella que ha sabido bordear su ego de una manera más o menos eficaz.
***
Lloramos al nacer en el último momento de lucidez que poseemos antes de que nos definan las circunstancias. A partir de ahí, comienza una extenuante búsqueda de algo parecido a la no vida, a la tranquilidad de la nada.
***
Aprendí antes lo que era el miedo que a reconocer mi nombre, tal vez de ahí todos mis recelos.
***
¡Ay, San Genet ! Préstame tu manto de flores para cubrir este cadáver.
***
***
¡Ay, San Genet ! Préstame tu manto de flores para cubrir este cadáver.
***